Los Remedios tienen un problema: el gran reto de una Hermandad llamada a ser referente

Los Remedios tienen motivos para aspirar a convertirse en una de las grandes Glorias de Toledo. Pero la procesión de este domingo dejó al descubierto un problema que exige decisiones valientes. Toledo Sacro analiza lo ocurrido y plantea posibles soluciones para el futuro.

Toledo Sacro

06/09/2026

TOLEDO

La Hermandad de la Virgen de los Remedios lleva varios años ofreciendo motivos para esperar mucho de ella. Hay trabajo, juventud, una estética cada vez más cuidada y la voluntad evidente de recuperar una devoción con enormes posibilidades. Sin embargo, hoy, precisamente en el día en que una hermandad no puede permitirse fallar, ha mostrado importantes flaquezas.

Sería profundamente injusto comenzar sin reconocer todo lo bueno. La Virgen lucía imperial, recuperando esa impronta regia y profundamente toledana que cada vez encontramos en menos imágenes de la ciudad. El barrio aparecía cuidadosamente engalanado, fruto de muchas horas de trabajo y de la implicación de un nutrido grupo de jóvenes, algo especialmente digno de valorar en estos tiempos.

También el cortejo ofrecía una magnífica estampa. Ordenado, bien dispuesto y llevado con diligencia, contó además con una notable presencia de mujeres ataviadas con mantilla y con un cuerpo de acólitos y monaguillos que realizó un excelente trabajo, contribuyendo a dignificar la presencia de la cofradía en la calle. Son detalles que elevan una procesión y demuestran que existe una preocupación real por cuidar también aquello que precede y acompaña a la Virgen. Se percibe trabajo detrás. Y mucho.

Pero todo ello quedó empañado por una cuestión fundamental: la Virgen fue mal en la calle. Muy mal por momentos.

La cuadrilla se mostró desbordada y las andas evidenciaron enormes dificultades para desenvolverse por unas calles que tampoco ofrecen margen alguno para corregir errores. Y aquí aparece una cuestión que la Hermandad debe afrontar con seriedad: el trabajo del capataz.

Ponerse delante de unas andas no consiste únicamente en mandar levantar o avanzar. Supone preparar una cuadrilla, conocerla, igualarla correctamente, anticipar las dificultades del recorrido, ensayar y garantizar, en la medida de lo posible, que quienes cargan puedan realizar su trabajo con seguridad y que la imagen procesione con la dignidad que merece. Lo visto hoy obliga, como mínimo, a revisar profundamente cómo se está desarrollando esa responsabilidad.

No se trata de buscar culpables después de una procesión, sino de identificar aquello que evidentemente no ha funcionado. Y la dirección de la cuadrilla es uno de los principales problemas que la Hermandad tiene que abordar si verdaderamente pretende dar el salto que lleva años anunciando.

Pero tampoco sería justo hacer recaer todo sobre los cargadores o su dirección. Hay un problema material evidente. Las actuales andas no parecen adecuadas para una talla de estas características, menos aún cuando deben desenvolverse por el complicado entorno de San Miguel.

Y quizá haya llegado el momento de hacerse preguntas que hasta ahora parecían intocables.

La iglesia de San Miguel pertenece a la parroquia de San Justo. ¿Debe la procesión salir necesariamente desde San Miguel? ¿Sería razonable estudiar que la salida procesional se realizase desde el propio templo de San Justo, mucho más accesible, con una puerta de dimensiones muy superiores y un entorno que permitiría organizar la salida y la cuadrilla en mejores condiciones?

Plantearlo no significa despreciar San Miguel ni romper con la historia de la devoción. Significa preguntarse qué necesita hoy la Virgen para procesionar dignamente. Porque que algo se haya hecho siempre de una determinada manera no convierte esa fórmula en la única posible.

Y aquí, desde Toledo Sacro, nos permitimos plantear una posibilidad que incluso permitiría reforzar el vínculo de los Remedios con San Miguel en lugar de perderlo.

La Hermandad celebra en febrero la festividad de la Candelaria. ¿Por qué no convertir también esos días en una oportunidad para que la Virgen salga de San Miguel y recorra las calles de su barrio en un formato mucho más sencillo e íntimo? Un Rosario de la Aurora, por ejemplo, sobre unas andas de menores proporciones, prescindiendo del gran trono procesional y de elementos como la ráfaga, que incrementan notablemente el volumen y la altura de la imagen en la calle.

San Miguel conservaría así una salida propia, especialmente vinculada al barrio y a la vida cotidiana de la devoción, pero adaptada a las verdaderas posibilidades de sus calles. Y septiembre podría reservarse para la gran procesión de los Remedios, trasladando para esos días la imagen a San Justo y realizando desde allí su salida revestida con todo su aparato de solemnidad y sobre unas nuevas andas de mayor planta, proporcionadas a la envergadura de la Virgen y concebidas específicamente para ofrecer la estabilidad que necesita.

Porque el problema de las actuales no es únicamente estético ni una cuestión de comodidad para los cargadores. Existe una razón puramente física. La considerable altura que alcanza la Virgen, especialmente cuando porta la ráfaga y el resto de elementos que enriquecen su presentación, descansa sobre una base excesivamente reducida. Esa desproporción eleva notablemente el centro de gravedad y provoca que cualquier oscilación durante la marcha se acentúe, haciendo que la Virgen vaya completamente desestabilizada.

Unas andas más amplias, diseñadas desde el principio atendiendo a las características reales de la imagen, permitirían ganar estabilidad y facilitarían enormemente el trabajo de la cuadrilla. Pero aportarían también algo importante desde el punto de vista estético: una peana procesional con suficiente presencia para acompañar, y no empequeñecer, la monumentalidad que la Hermandad está queriendo recuperar para su Titular.

De esta manera, San Justo permitiría plantear una procesión de septiembre verdaderamente acorde con la categoría que se quiere otorgar a esta devoción: una puerta capaz de permitir una salida sin las estrecheces actuales, un entorno más adecuado para organizar a la cuadrilla, unas andas concebidas expresamente para la Virgen y la posibilidad de presentarla con toda su riqueza ornamental sin las enormes limitaciones que hoy condicionan el comienzo y buena parte del recorrido.

No sería renunciar a San Miguel. Al contrario: sería dar a cada celebración, a cada templo y a cada entorno la procesión que realmente pueden asumir. Una salida íntima y cercana por el barrio en torno a la Candelaria y una gran procesión de septiembre desde San Justo, revestida de toda la solemnidad externa que la Hermandad está demostrando querer recuperar.

Es solo una propuesta. Pero quizá ejemplifique precisamente aquello que reclamamos: perder el miedo a estudiar fórmulas nuevas cuando pueden servir para conservar mejor lo antiguo.

Y esta reflexión trasciende ampliamente a los Remedios. Toledo arrastra un problema generalizado con sus cuadrillas y, especialmente, con la escasa importancia que en demasiadas ocasiones se concede a su preparación y dirección. Demasiadas hermandades terminan aceptando el «que salga como sea», recurriendo a soluciones de última hora, cuadrillas improvisadas o personas que generosamente acuden a cubrir huecos.

Ya no debería bastar.

Una cuadrilla necesita planificación, ensayos, una igualá seria y una dirección preparada. Profesionalizar este ámbito no significa necesariamente convertirlo en una actividad remunerada. Significa tratarlo con profesionalidad: exigir preparación, responsabilidad y conocimientos a quien asume una función de enorme importancia.

Y también significa que las hermandades deben perder el miedo a tomar decisiones. La tradición merece todo el respeto; el inmovilismo no es tradición. Si unas andas no funcionan, habrá que modificarlas. Si un recorrido resulta incompatible con las características del paso, habrá que estudiarlo. Si una cuadrilla no está preparada, habrá que reorganizarla. Y si la dirección no funciona, también habrá que afrontarlo.

Los Remedios tienen prácticamente todo para convertirse en una de las grandes Glorias de Toledo: una imagen extraordinaria, una estética cada vez más definida, un barrio implicado, juventud y una evidente capacidad de trabajo.

Precisamente por eso debemos exigirles más.

Hoy la Hermandad ha demostrado una inmadurez importante en uno de los aspectos esenciales de cualquier procesión. Tiene tiempo, medios y posibilidades para corregirlo. Pero para hacerlo tendrá que abandonar ciertas inercias y afrontar decisiones que quizá no sean cómodas.

Porque cuidar cómo viste la Virgen, cómo se engalana su barrio y cómo se ordena su cortejo es importantísimo. Pero cuidar cómo va la Virgen en la calle lo es todavía más.

Los Remedios tienen condiciones para no ser simplemente una Gloria más.

Ahora tienen que demostrar que también saben tomar las decisiones necesarias para convertirse en una referencia.

Editorial

La Virgen merecía más

Cuatro siglos después de su fundación, la Real Cofradía de la Virgen del Valle tenía la oportunidad de protagonizar una celebración histórica. Sin embargo, el acto central del IV Centenario ha dejado una sensación difícil de ignorar: la de una oportunidad desaprovechada. Una procesión sin ambición, una programación donde los actos lúdicos eclipsaron a los religiosos y una ciudad apenas implicada en una efeméride irrepetible. La Virgen merecía más. Toledo también.

leer más...