Todos somos del Toledo. La nueva camiseta es preciosa. Y nuestra Catedral también. Pero precisamente por el cariño que profesamos a ambas cosas, quizá convenga decirlo: no todo vale y no todo escenario sirve para todo.
Hoy el CD Toledo ha presentado su nueva equipación en la Catedral. La convocatoria ha tenido lugar en la Sala de Verano, utilizada como sala de prensa. Pero las fotografías promocionales sí se han realizado dentro del templo.
Se especuló con que la camiseta pudiera contener algún guiño al VIII Centenario. Tampoco eso habría justificado necesariamente utilizar el interior de la Catedral como escenario publicitario, porque un templo sigue siendo un templo, haya o no efeméride. Pero, al menos, habría existido una vinculación que explicase la elección. Ni siquiera es así. Es una camiseta de fútbol. Muy bonita. Pero una camiseta.
Y quizá deberíamos preguntarnos dónde ponemos los límites.
Porque la Catedral no es un decorado. Es patrimonio, historia y arte, sí; pero, antes que todo eso, es un lugar sagrado. Cuesta imaginar determinadas campañas promocionales desarrollándose con semejante naturalidad en el interior de otras grandes catedrales españolas.
Además, Toledo ya debatió sobre esto tras la polémica del videoclip de C. Tangana. Parecía entonces que habíamos aprendido algo sobre los usos del templo.
A las puertas de un Jubileo, seguimos sin conocer con claridad qué espacio tendrán las cofradías y hermandades. Consta, además, que algunas han encontrado negativas para desarrollar determinados actos religiosos en el interior. Sin embargo, las dudas parecen despejarse bastante más cuando hablamos de acciones promocionales o publicitarias.
De ahí una pregunta deliberadamente incómoda: ¿camisetas sí, cofradías no?
No es una crítica al CD Toledo. El debate va mucho más allá del club. Es preguntarnos qué queremos que sea nuestra Catedral y qué usos consideramos compatibles con un espacio sagrado.
Abramos el debate. ¿Dónde está el límite?
Porque abrir las puertas de la Catedral es una cosa. Convertir el templo en escenario es otra.
Y quizá, esta vez, no era el sitio.





