El Real Monasterio de San Juan de los Reyes acogió el VI Pregón de la Cofradía-Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad y María Santísima de la Esperanza en su Soledad, en una tarde marcada por la reflexión teológica, la profundidad histórica y una invitación clara: comprender que la Semana Santa no es un canto al dolor, sino un anuncio de Vida.
Bajo el título “Humildad, la locura del amor”, el pregonero —Miguel Ángel Dionisio Vivas— trazó un recorrido que partió de la pregunta desgarrada de Lope de Vega para desembocar en el kerigma pascual: el amor inmenso de Dios como clave de toda la Pasión PREGÓN DE LA COFRADÍA DEL SAN….
La talla del Cristo de la Humildad, obra de Darío Fernández, fue el eje visual y espiritual de la meditación. Un Cristo sentado sobre la roca, exhausto antes del Calvario, que no interpela desde el dramatismo vacío, sino desde la serenidad de quien acepta libremente el sacrificio. La Humildad —recordó el pregonero— no es derrota, sino el camino elegido por el Amor.
El discurso se adentró también en un amplio recorrido por la imaginería española, desde la escuela castellana hasta el esplendor andaluz, para subrayar que el arte no es ornamento, sino catequesis viva. En ese contexto, se reivindicó el actual resurgir escultórico en Toledo y la apuesta por enriquecer el patrimonio cofrade contemporáneo, lejos de convertir la ciudad en un museo detenido en el pasado.
Especial protagonismo tuvo la dimensión franciscana del acto, celebrándose este año el VIII centenario de la muerte de san Francisco de Asís. La humildad evangélica del Poverello fue presentada como espejo en el que contemplar la entrega de Cristo: saberse amado para poder amar.
El pregón culminó ampliando la mirada hacia María Santísima de la Esperanza en su Soledad, advocación reciente que completa el misterio junto al Cristo. En su dolor contenido y su esperanza firme se anticipa ya la luz de la Pascua: la última palabra no la tiene la muerte.
No fue una lección de historia ni un ejercicio retórico. Fue una proclamación. Un recordatorio de que la Semana Santa toledana —antigua en raíces, viva en presente— camina hacia la Resurrección.
La Humildad, en definitiva, no es debilidad. Es la forma más alta del Amor.




