La escena vivida hoy en distintas parroquias de Toledo resume a la perfección la situación actual de la organización de la Semana Santa en la ciudad. Los programas oficiales con el plano de la Semana Santa de 2026 han comenzado a repartirse entre fieles y visitantes… con un error tan básico como incomprensible: todas las fechas del calendario son incorrectas, al no haberse actualizado respecto al año pasado.
No se trata de una errata puntual. El calendario completo mantiene las referencias del ejercicio anterior, por lo que cualquier persona que utilice este material para informarse sobre los días de las procesiones recibirá una información equivocada. En la práctica, el documento queda reducido a un folleto inútil que únicamente puede generar confusión.
El problema es doble. Por un lado, el error revela una alarmante falta de revisión y control en un material que se imprime en miles de ejemplares y que debería ser uno de los instrumentos básicos de difusión de la Semana Santa de Toledo. Por otro, supone un gasto difícil de justificar, ya que todo ese papel deberá terminar inevitablemente en el contenedor de reciclaje.
La situación resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que la propia Junta de Cofradías se ha presentado en diversas ocasiones como una institución “ecosostenible”. Sin embargo, la realidad de hoy es que miles de programas recién impresos no sirven para absolutamente nada.
Además, el formato elegido tampoco ayuda. El plano oficial lleva años generando debate en la ciudad. Nunca ha terminado de convencer a buena parte de las hermandades ni de los propios cofrades, pero se ha seguido insistiendo en él edición tras edición. Este año, sin embargo, la polémica ya no es de diseño ni de utilidad: simplemente está mal.
Este nuevo episodio se suma a una sucesión de controversias que han marcado la preparación de la Semana Santa de 2026. Hace apenas unas semanas, el cartel oficial provocaba una oleada de críticas que trascendió incluso el ámbito local, convirtiéndose en objeto de comentarios y burlas en numerosos puntos del país.
A ello se añadió posteriormente el desconcertante episodio relacionado con la posible salida de las cofradías fuera de la Catedral de Toledo debido al montaje de la exposición vinculada al VIII Centenario. Durante semanas se generó incertidumbre entre las hermandades, con mediciones en distintos templos y especulaciones constantes sobre el recorrido de las procesiones. Finalmente, la idea quedó descartada y todo continuará desarrollándose como en años anteriores, pero el proceso dejó una sensación generalizada de improvisación y falta de planificación.
Todos estos episodios han ido alimentando un clima cada vez más evidente dentro del mundo cofrade toledano: la división. Una fractura que no deja de crecer entre hermandades, músicos, cofrades y aficionados, y que encuentra buena parte de su origen en la forma en que se están gestionando los asuntos comunes de la Semana Santa.
Lejos de actuar como un organismo de cohesión y coordinación entre las hermandades, la Junta de Cofradías parece haber generado un escenario en el que la crítica, el malestar y la desconfianza son cada vez más habituales. La falta de transparencia en muchas decisiones, unida a la ausencia de autocrítica tras cada polémica, no ha hecho sino agravar esa sensación de distancia con buena parte del tejido cofrade de la ciudad.
Resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que la Semana Santa de Toledo ostenta el título de Fiesta de Interés Turístico Internacional, un reconocimiento que exige precisamente lo contrario: rigor organizativo, coordinación institucional y una imagen cuidada de cara al exterior.
Sin embargo, la acumulación de errores, polémicas y decisiones cuestionadas está proyectando una imagen muy distinta. El episodio de los programas con fechas equivocadas es, en este sentido, más que una simple equivocación. Es un síntoma de un problema más profundo.
Porque cuando el material oficial que debe informar a los ciudadanos llega mal impreso, cuando los anuncios se contradicen semanas después o cuando las decisiones se comunican tarde y sin explicación, lo que se transmite no es solo un error puntual, sino una sensación de desorden permanente.
Mientras tanto, hermandades, músicos, costaleros y cofrades continúan trabajando durante todo el año para preparar una Semana Santa que forma parte esencial del patrimonio espiritual y cultural de Toledo. Un esfuerzo colectivo que contrasta cada vez más con los tropiezos institucionales que se suceden en su organización.
El reparto de unos programas con todas las fechas equivocadas no es, por tanto, una simple anécdota. Es el último episodio de una cadena de errores que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta cada vez más presente entre los cofrades de la ciudad: si la institución encargada de coordinar la Semana Santa está realmente a la altura de la responsabilidad que tiene entre manos.
¡BASTA YA! ¡DIMISIÓN YA!









